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Mami, ¿Papá Noel existe?

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“Mami, ¿Papá Noel existe?”. Es una pregunta que seguro a varias nos han hecho ya, y de hecho en ese momento tu interior se ajusta y por una milésima de segundo no sabes qué responder.  Ahora te encuentras ante una disyuntiva feroz : ¿les destruyes la ilusión ahí mismo parada y sin polo? o mantienes lo que para ese momento podría considerarse una mentira.

Ha llegado el tiempo de tomar una decisión, pero hagámoslo con calma. Pensemos bien antes de cambiar por completo el mundo de nuestros niños analizando los pros y los contras de este escenario. 

Sabemos que la vida está llenita de cosas hermosas y maravillosas, si, pero (lamentablemente) también de cosas feas y malas con las que todos (incluidos nuestros niños) deberemos lidiar tarde o temprano: hay gente malvada, el planeta va a colapsar, etc, etc. Hasta aquí podemos manejar las cosas insistiendo en que NO hablen con extraños, enseñándoles a reciclar y consumir de manera responsable. Pero y ¿cómo manejamos lo otro?.  Los niños están expuestos a un montón de estímulos e información que NO va a pasar por Tu filtro, porque nunca llegará a el. Esta es el tipo de información que sus amigos compartirán con ellos (contra tu voluntad) en cualquier momento y en cualquier lugar. Cosas que leerán (cuando ya leen) en el consultorio de un doctor, en la casa de los tíos o en cualquier anuncio que vieron mientras iban mirando la ciudad desde el auto o el bus, y claro, si tienen libre acceso a algún aparato electrónico y WiFi, que se cuestionen la existencia de estos personajes fantásticos , seguro será el último de tus problemas. 

Nuestros hijos viven en un universo gigante del que muchas veces casi no somos parte y ni siquiera lo sabemos.  Crecerán y dejaremos de tener control o conocimiento sobre su mundo, lo que consumen, los que les gusta y sobre lo que siempre creímos que era bueno o  nocivo para ellos y entonces, en un intento por hacer de este lugar uno más hermoso y amable, afirmamos determinados, que SI existe la magia y todos los seres que la representan por la necesidad que sentimos de preservar su ilusión e inocencia intactas por la mayor cantidad de tiempo posible.  Esas que les dan la certeza de que un señor gordito y barbudo puede recorrer el mundo en una sola noche cargando con un saco de regalos que jamás se acaban hasta que se tienen que acabar. O como cuando parecemos super entusiasmados y tranquilos con la idea de que un ratón llegue durante la noche y se meta debajo de la almohada a buscar sus dientes y cambiarlos  por moneditas, incluso cuando sus ojos chiquititos fueron testigos del suceso en el que uno de sus incisivos de leche se te caía por la cañería mientras lo lavabas para retirar la mugrecita que se le pegó en el lonche y entonces solo queda explicarle al roedor en una cartita lo que sucedió, pues él sabrá cómo encontrarlo entre las miles de tuberías de la ciudad. ¡Pan comido!.

Pero estas costumbres de muchos que algunos tomamos como propias, son formas de crianza que cada familia elige para sus hijos. Algunos mantenemos la ilusión y la fantasía vivas a través de cuentos e historias que ponen  a trabajar su imaginación y desarrollan su creatividad. Otros creemos que la realidad es la mejor manera de mostrarles la belleza del mundo que los rodea y así ayudarlos a tener los pies bien puestos en la tierra, mientras que algunos logramos encontrar un equilibrio entre  lo real y lo fantástico otorgándoles la libertad de elegir y alimentando la construcción de sus propios universos.  

Finalmente lo que de verdad importa aquí, sea cual fuere nuestra forma de criara , es que  estamos estrechando el vínculo con nuestros hijos al mismo tiempo que producimos recuerdos hermosos que los acompañarán para siempre, mientras nos volvemos cómplices  (en el mejor sentido de la palabra) en el caminito de esta vida que estamos viviéndo con ellos. 

Pero sin importar de qué color vemos el mundo, lo más probable es que  todos coincidamos en que lo que quisiéramos pedirle a Papá Noel, los Reyes Magos, el Niño Manuelito, la Energía del Cosmos, los Apus, Yemanyá,  el Hada, el Ratón o la Lagartija del Campo, es que nuestros hijos estén sanos y sean felices cada día y que esas lucecitas que brillan en sus ojos cuando esconder su felicidad es sencillamente imposible, nunca, nunca se apaguen. Así que si no va encontra de tus principios, o de tus creencias religiosas o tu postura agnóstica ante la vida, o si puedes hacer las paces con que tu hija de 13 años siga creyendo en la magia al punto de defenderla ante sus amigos en el colegio, tal vez el “señor gordito”, vestido de rojo e inexplicablemente abrigado para  nuestra navidad que sucede en verano, puede ser parte de la vida de nuestros hijos hasta que ellos así lo sientan. 

Así que si te enfrentas a la aterradora pregunta de si existe o no Papá Noel o cualquier otro ser mágico, siéntete tranquila de decir que si.

¡Felíz tiempo de querernos como siempre y un poquito más!.